En Cartagena la discriminación
va mucho más allá de la conocida y perjudicial discriminación racial contra los
afrodescendiente, pues ésta también se presenta contra otros grupos étnicos
como los indígenas, campesinos, y otros grupos raciales que se fueron
desarrollando debido al mestizaje. Existen además otros tipos de discriminación
como la discriminación social o el Clasismo, es decir la discriminación según
la clase social a la que se pertenece, el barrio donde se vive, la forma de
vestir, el acento, la ciudad de origen, el nivel de educación, la universidad
en donde se estudió, el apellido, etc. A esta se suma también un término poco
usado por los académicos de la discriminación, y es el llamado Servilismo o la
enseñanza de comportamientos similares al de los ‘siervos’ y ‘criados’ de la
época colonial, fomentados por tradiciones familiares y culturales e impulsados
diferentes grupos sociales para inculcar respeto.
Los
gérmenes del racismo y de la segregación siguen vigentes en Cartagena, todavía
las familias tradicionales de la ciudad conservan sus escudos de armas, su
nostálgica añoranza colonial. Y yo opino, que si la elite de la ciudad tiene
(como aseguran) doscientos y trescientos años en el poder, eso quiere decir que
ellos son los descendientes de los esclavistas. Pienso que nos deben, por lo
menos, una disculpa.
Pero
la segregación no es solo simbólica. En muchos edificios de Bocagrande, Pie de
la Popa, Manga y Castillogrande (barrios burgueses por tradición) existen dos
ascensores: uno para los residentes y otro para el personal de servicio. De vez
en cuando ve usted a alguna señora elegante de la ciudad haciendo visita o
haciendo cola en un consultorio médico mientras la muchacha del servicio le
refresca obsequiosamente con un abanico manual.
Es
ridículo pretender tapar el sol con las manos. Aquí el racismo se huele, hiede,
hiere, afrenta los sentidos. Pero están sospechosamente empeñados en negarlo,
en asumir que el asunto no es real, que es una fábula de resentidos y
acomplejados que ven persecuciones donde no las hay. Es obvio que es una
solapada estrategia de la élite cartagenera por conservar las cosas como están.
“Más
orgulloso que negra parida de blanco”, “Está más creída que negra comida del amo”,
son frases comunes en el argot popular caribeño.
Me
siento feliz de Afrodescendiente, viva mi identidad, viva mi historia negra, mi
historia bella.


